Entrevista a Dieter Hallervorden, protagonista de Vivir sin parar

Entrevista a Dieter Hallervorden

¿Qué le convenció de VIVIR SIN PARAR?

Mi lema ha sido siempre levantarme al menos una vez más de las que me caigo. Soy un luchador nato. El papel que interpreto en VIVIR SIN PARAR se corresponde con mi filosofía de vida. Por eso acepté esta película sin pensármelo dos veces. Además, el guión me ha gustado extraordinariamente. Se ha hecho realmente con amor hacia el detalle y con mucho corazón. Si la película se convierte en un éxito, eso se deberá, en primer lugar, al guión y al gran director que es Kilian Riedhof.

 

¿Cómo se ha preparado para el rodaje?

He cambiado durante meses toda mi alimentación y he perdido nueve kilos, he renunciado al alcohol y he ido tres veces a la semana a un gimnasio y, naturalmente, he corrido cada día, incluyendo programas de intervalos. Así que me he preparado con intensidad. Pero eso se debe también a que soy una persona de compromiso. No sólo quería demostrarme a mí mismo que podía hacerlo a mi edad. También sentía un gran compromiso hacia el equipo, el director y el productor y quería ser capaz de enfrentarme con éxito a los retos físicos.

 

¿Ha corrido alguna vez una maratón?

No. Pero he jugado mucho al tenis y practico vela y surf. Además, mi hijo tiene ahora 14 años, así que siempre tengo acción en casa. Fue mi mejor entrenador en los últimos años. ¡Nada de poner las piernas en alto y ver la tele!

 

Pero al menos ha corrido parte de la maratón de Berlín durante el rodaje de VIVIR SIN PARAR ¿Qué sensación tuvo? ¿Cómo lo vivió?

Lo más difícil fue evitar que los otros corredores me reconocieran como Dieter Hallervorden. Incluso más difícil todavía fue hacer que los espectadores que se encontraban en la orilla del recorrido no saludaran a la cámara. Y después de todo eso, también era importante mantener la velocidad y el buen humor. Ha habido días de rodaje más sencillos.

 

Si me permite, usted ya está en una edad, en la que podría vivir con más tranquilidad. ¿De dónde saca esa energía?

No puedo entender a todas esas personas de mi edad, y mucho menos a los más jóvenes, que se alegran por jubilarse, Yo prefiero la actividad. Bueno, también tengo una profesión que ha surgido de una pasión y que para mí no es tanto un trabajo, más bien una diversión. No estoy seguro de si hubiera llegado a esta edad, si no pudiera seguir ejerciendo esta profesión. Naturalmente tendré en cuenta que ya sólo subiré a un escenario o me pondré delante de una cámara si puedo moverme yo solo hasta ahí y, si la gente quiere seguir viéndome. Mientras eso siga así, yo seguiré en activo.

Entrevista a Dieter Hallervorden

 

¿Qué le ha aportado su trabajo en VIVIR SIN PARAR?

He conocido a muchos compañeros nuevos, también más jóvenes, por ejemplo a Heike Makatsch que interpreta a mi hija. Fue una colaboración muy agradable. Y es sorprendente ver cómo, a veces, por motivos profesionales uno se ve obligado a vivir mejor. Cumpliré 78 años cuando se estrene la película en septiembre y ya he sacado provecho de VIVIR SIN PARAR ya que he mantenido bastantes partes de mi programa de entrenamiento. Sigo corriendo todos los días. Muchos no empiezan a apreciar su salud hasta que ya casi la han perdido. Pero uno debería alegrarse cada día por poder moverse libremente.

 

¿Tuvo en su vida un éxito que se pudiera comparar con el triunfo de Paul Averhoff?

Cuando era un desconocido fundé, con 25 años, el cabaret “Die Wühlmäuse”. Y ya hace de eso más de 50 años, a pesar de los tiempos que corren. Y todo sin subvenciones. Cuando celebramos el 50 aniversario – que casualmente coincidía con mi 75 cumpleaños – tenía una sensación muy parecida a la de Paul Averhoff en el estadio olímpico. Además, con 74 he vuelto a abrir el Schlossparktheater. Como verás, todavía puedo dar alguna sorpresa.

 

¿Hay algo que quiera conseguir todavía – quizás ganar una maratón o subirse a una cumbre?   

Sinceramente, ya tengo bastante con lo que cargo voluntariamente sobre mis hombros. Dirigir un teatro, hacer el programa, ponerlo en escena y estar yo mismo en el escenario, por el momento es suficiente para mí. He viajado mucho por el mundo y he visto muchas cosas. Mi gran sueño lo cumplí con 54 años: una isla propia, en mi exilio voluntario en Francia. Pero si se me pone a tiro un nuevo reto – pues bienvenido sea. Seguramente lo aceptaría.