The Damned United (The Damned United, 2009)

The Damned United, 2009Título: The Damned United (The Damned United). País: UK Año:2009. Duración: 98m. Deporte: Fútbol. Director: Tom HooperActoresColm Meaney, Henry Goodman, David Roper, Michael Sheen, Timothy Spall, Maurice Roeves. 

Centrada en la figura de Brian Clough, el más célebre entrenador de fútbol británico hasta la fecha, la película es una radiografía del ascenso del personaje hasta la cima de su éxito profesional, así como del contexto deportivo-histórico en que se fraguó su fama.

Estas dos vertientes, la privada y la social, se entrelazan en un retrato de tintes elegíacos sobre una época pretérita en la que el fútbol inglés gozó de una preeminencia a nivel europeo.

La acción se desarrolla en el año 1974, en concreto desgrana los cuarenta y cuatro días en que Brian Clough gobernó los designios del Leeds United, a la sazón el club de fútbol inglés hegemónico en los últimos diez años contemporáneos a la acción. Esta breve etapa supuso un estrepitoso fracaso en la trayectoria exitosa de Clouhg, así como el inicio del declive del hasta entonces poderoso e imbatible Leads United.

A través de una serie de flash backs, se relata el periplo por el cual Clough llegó a hacerse con las riendas del equipo estrella de la liga inglesa. El primer salto alcanza hasta 1968, año en que entrenaba al Derby Covent, equipo que militaba en la segunda división y al que logró ascender a la categoría de honor.

El inicio de tal ascensión vino marcado por un encuentro que el Derby tuvo que disputar con el Leeds para la Charety Coup, algo así como la copa del Rey (o, en terminología de la época, “Generalísimo”) española. El Leads era entrenado por Don Revie, otro insigne entrenador inglés, cuyo prestigio y fama eran admirados por Clough, quien no para mientes en ofrecer una “recepción” digna a su ilustre visitante: él mismo limpia los vestuarios que acogerán al equipo contrincante, prepara el utillaje y coloca, en un acto de amorosa devoción, una naranja y un cenicero al lado de las toallas que utilizarán sus idolatrados, aunque rivales, jugadores del Leeds.

Pero tal agasajo no se ve recompensado; es más, Clough se siente humillado y despreciado cuando intenta saludar a Don Revie y ni siquiera es advertido entre la multitud. Este desplante, esta desconsideración se convertirá en el detonante dramático de la ambición desmesurada que se desatará en el ofendido entrenador del Derby, cuya bestia negra será, a partir de ahora, el despreciativo Revie. El problema es que no puede haber “duelo”, enfrentamiento, entre ambos personajes, puesto que Revie no será consciente de la inquina que ha despertado en su homólogo hasta el final del filme, cuando Brian Clough se lo confiese en una entrevista televisiva que marca su salida, deshonrosa, del Leeds United.

Al lado de este retrato individual, discurre todo un paisaje social y moral, en un segundo plano, de manera callada pero significativa; una escenografía de los últimos estertores de una Inglaterra industrial que se aprestaba a entrar en crisis y bajo la cual se estaba larvando el venidero thatcherismo.

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La película responde a la contraportada de un periódico, es la intrahistoria deportiva de un país, la historia privada canalizada a través del deporte rey, un modo de entender el fútbol de raigambre “industrial”, de maquinaria pesada; tosco, grosero y directo, basado en la fortaleza física, de la que hacían gala los jugadores con unas entradas criminales, duras y directas.

Provoca la más nostálgica sonrisa en un espectador de edad provecta el equipaje que utilizaban los jugadores; sus entrenamientos por en medio de las gradas del estadio; lo destartalado y cochambroso de los vestuarios; esos omnipresentes cigarros en sus bocas, incluso durante la realización de los ejercicios físicos preparatorios; los rudimentarios medios para sacarlos del terreno de juego (¡a caballito!); esas camisetas ceñidísimas y esos pantalones cortísimos; en fin, toda una recreación estética de una época carente de diseño esteticista.

La inclusión de escenas documentales de la época dota a la narración de un aire rememorativo, de un homenaje privado a la memoria del espectador (y a su juventud perdida).

Ya se dejan entrever los derroteros por donde se encarrilarán los futuros equipos de fútbol como sociedades capitalistas, con la pugna entre el presidente-propietario y el entrenador-gerente de la producción deportiva.

Unos actores de carácter, unos secundarios de lujo, bregados tanto en el cine social británico (Loach) como en grandes producciones hollywoodienses sustentan un relato que no acaba de trascender ciertos lugares comunes de la hagiografía edulcorada ni fotografiar con mayor profundidad el humus social en el que se desenvuelve la historia individual. Una especie de “cuéntame” cómo era un deporte en una época que se fue irremisiblemente, como todas, y de la que se ofrecen unas instantáneas rememorativas.

Nostalgia elegíaca, suave, no muy cargada, pues el estómago del espectador a quien se le sirve ya no admite bebidas fuertes.